En nuestra clínica sabemos que los tratamientos de medicina estética no eliminan únicamente las arrugas o limitan la flacidez, sino que además sirven para modular el estado de ánimo de las personas, es decir, para aumentar el bienestar psicológico, y eso es lo que más nos gusta de nuestro trabajo.

A través de la apariencia somos capaces de influir a otras personas, para mandarles mensajes implícitos de forma involuntaria como por ejemplo cómo es nuestra personalidad, cuáles son nuestros intereses o cómo es nuestra actitud ante la vida. Sin embargo, el paso del tiempo produce cambios en nuestra expresión facial que en realidad no se corresponde con lo que sentimos. De ahí que muchas personas busquen corregir una expresión exterior para recuperar esa correlación entre el sentir interior y el reflejo exterior. De este modo, a través de la medicina estética y de la psicología de la belleza se mejoran tanto el autoreconocimiento como la autoaceptación, produciéndose un bienestar psicológico, un aumento de la autoestima y también una mayor felicidad.

Si uno deja de reconocerse en el espejo puede producirse una bajada de autoestima que tiene que trabajarse internamente y por qué no, también externamente. Por eso hay pacientes que no vienen tan preocupados por los signos de envejecimiento sino por una expresión global que ya no les representa, como puede ser un rostro cansado, estresado, de enfado o de tristeza.

Siendo realistas, nuestra estética tiene una gran importancia en nuestra cultura, por lo que nos sentimos más seguros llevando la que más nos represente. Hablamos desde ropa, complementos, maquillaje… todo ello va a definir nuestra apariencia. Y según cómo nos sentimos de empoderados o empoderadas con nuestra apariencia vamos a actuar con mayor o menor seguridad en los diferentes ámbitos de nuestra vida: en el trabajo, a la hora de conocer a alguien, etc.

Por tanto, como vemos, la belleza tiene una parte de psicología muy fuerte y hay que ser conscientes de ello, cuidando nuestros pensamientos. Con esto nos referimos que, aunque está muy bien querer mejorar y que la imagen interior y la exterior coincida, también es vital no compararse y tampoco aferrarse a partes del cuerpo que nos gusten menos llegando al autoodio. No podemos decirnos a nosotros mismos cosas que no les diríamos a los demás. Porque a veces el peor enemigo de nuestro estado psicológico es esa voz interior que nos juzga continuamente, llegando a obsesionarnos.

En conclusión, hemos visto que los pacientes cuyos tratamientos de medicina estética están enfocados a recuperar su expresión emocional facial positiva obtienen también mejoras psicológicas que implican mayor positividad, más energía, ganas de afrontar nuevos retos y proyectos, un incremento de la autoestima y de la vida social.

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